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Cómo conseguir pacientes de ortodoncia infantil en tu clínica dental

Quien decide es el padre o la madre, mientras que la cooperación de cada día recae en el niño: dos mensajes distintos, los dos imprescindibles.

En la ortodoncia infantil quien elige y quien paga es el padre o la madre, mientras que mantener la rutina cada día durante meses recae en un niño de ocho años. Hablamos de dos perfiles que se hacen preguntas distintas, así que la clínica que se comunica igual con los dos termina por dejar escapar a uno.

Hay que añadir además que la demanda no aparece por sí sola: apenas un puñado de familias considera que su hijo tenga que acudir a una revisión de ortodoncia a los siete años. Aquí, captar consiste en lograr que reserven esa cita mientras el problema aún resulta invisible y en explicarles un plan que de entrada no entienden.

Deciden los padres y colabora el niño: dos mensajes

El primer error está en dirigir una misma página a un solo lector, ya que lo que inquieta al padre y lo que inquieta al niño no se cruzan en ninguna.

  • El padre o la madre. Quieren saber si el tratamiento corre prisa o puede esperar, cuánto dura y cuánto cuesta. Llegan con una desconfianza comprensible: temen que les propongan más intervención de la que realmente se necesita. Son muy pocas las webs que dan respuesta a ese temor.
  • El niño. Sus inquietudes son que resulte visible, poder mantener su alimentación de siempre y comprobar si algún compañero de clase usa un aparato parecido. Cuando lo tiene claro, se coloca el removible las horas que le indican. Cuando lo lleva a regañadientes, termina abandonado en la mochila y el tratamiento se alarga durante meses.

La revisión precoz es la que más casos genera

Cuando los primeros molares e incisivos permanentes ya han salido, hacia los seis o siete años, empieza a notarse aquello que en el hogar todavía se escapa: cómo va creciendo el maxilar, si hay una mordida cruzada, si escasea el espacio o si algún hábito estrecha poco a poco el paladar. Es el punto de entrada más razonable, y son muy pocas las clínicas capaces de explicarlo como corresponde.

Lo habitual es que la página de ortodoncia gire en torno a brackets y alineadores, es decir, al público adolescente, mientras que la revisión temprana apenas figura como una frase suelta. Conviene elevarla a la condición de servicio con entidad propia: dedícale una página, señala su precio o aclara que va incluida, y describe qué se explora durante esa visita.

Y asúmelas tal como son: buena parte terminan con un todavía no hay nada que hacer, nos vemos en seis meses. Lejos de tratarse de una visita sin valor, es justo ahí donde reside el activo. La familia a la que le adviertes que aún no precisa tratamiento vuelve, deposita su confianza en ti el día en que le digas que sí y te menciona a otros padres del colegio.

La respiración bucal y los hábitos llevan a la consulta

Los progenitores parten de lo que ven día a día, y en ese cuadro la ortodoncia interceptiva no figura. Se fijan en que el pequeño respira por la boca al dormir, ronca, se despierta agotado, tiene los labios resecos, y con seis años sigue chupándose el dedo o presionando la lengua contra los dientes al tragar.

Redactar alrededor de esas señales permite llegar a familias que jamás habrían buscado un término técnico en internet. Resulta esencial cuidar el tono: el texto invita a estar atentos y a solicitar cita, aunque en ningún momento formula un diagnóstico ni sugiere que todo niño que ronca padezca un problema de ortodoncia.

En este terreno, además, quienes marcan el ritmo son las derivaciones. El contacto con pediatras, otorrinos y logopedas de la zona se vuelve imprescindible cuando aparece un paladar estrecho, una deglución atípica o una hipertrofia de amígdalas y adenoides. Esa red deriva casos con una constancia que ninguna campaña logra igualar.

Las dos fases y la duda de si alargas para cobrar más

Aquí es donde se viene abajo la mitad de los planes. Si al padre le explicas que lo recomendable es arrancar cuanto antes con una primera fase, dejar pasar un tiempo y abordar otra hacia los doce o trece años, lo que él interpreta es dos tratamientos y dos facturas. Sus reservas tienen fundamento, y ese recelo se disuelve en la primera consulta.

Lo que la gente comprende no depende de la técnica, sino del momento. La fase inicial se ocupa de todo aquello que está unido al desarrollo y que únicamente puede arreglarse mientras el hueso continúa creciendo, por ejemplo ensanchar un maxilar demasiado estrecho o corregir una mordida cruzada. La segunda etapa aparece una vez que ya han brotado todas las piezas dentales y su función es colocarlas rectas. Hacerla antes resulta imposible, ya que esos dientes aún no han asomado en la boca.

  • Entrega el plan por escrito desde el principio: las dos fases, el objetivo de cada una y su coste.
  • Explica sin dramatizar qué se complica cuando se salta la primera fase.
  • Detalla en qué casos basta con una sola fase. Reconocer que buena parte de las situaciones se resuelve de una vez en la adolescencia es justamente lo que aporta credibilidad a tu criterio cuando defiendes dos.
  • Evita garantizar a los padres que la primera fase librará al niño de extracciones o de cirugía en el futuro: conviene plantearlo siempre en términos de objetivos y de probabilidades.

Qué consulta la familia antes de pedir cita

La web debería ofrecer a cada consulta la respuesta que le corresponde.

  • La edad. Si hay una duda que se repite por encima de todas, esa es a qué edad conviene llevar al niño al ortodoncista, y resulta que también es la que mejor convierte cuando la resuelves con criterio real y no la despachas con una frase sacada de un folleto.
  • El aparato. Qué es exactamente un expansor de paladar, cuánto tiempo hay que llevarlo, si se ve al sonreír, si molesta al hablar y a quién le toca girar la llave.
  • El síntoma visible. Mordida cruzada, dientes que se solapan, la boca se le queda pequeña para todas las piezas, todavía no suelta el chupete.
  • El dinero. Cuánto cuesta la ortodoncia infantil, una búsqueda que casi siempre va acompañada de la palabra cuota.
  • Los alineadores. Llegan a la consulta numerosos padres que dan por hecho que su hijo recibirá ese mismo tratamiento invisible propio de un adulto, y hay que explicarles cuándo resulta viable en el caso de un niño. Se trata de un perfil de paciente diferente, con sus propias particularidades, algo que queda detallado en la guía sobre captar pacientes de Invisalign.

Cómo dirigirte al niño, y por qué eso atrae casos

Conquistar al niño forma parte de la captación, no es un simple detalle de cortesía.

  • Enseñarles, tanto a él como a su padre, cómo se usan la llave o las gomas, teniendo el aparato delante para que puedan verlo.
  • Explicarle qué va a notar durante esas primeras jornadas: cierta presión, una manera algo rara de pronunciar, más salivación y molestias al comer que poco a poco irán desapareciendo. Cuando lo perciba, si se le ha restado importancia empezará a dudar.
  • Encomendarle una tarea de la que se ocupe él solo, como llevar el calendario de horas o el registro de las gomas, para evitar que su madre termine ejerciendo de vigilante.
  • A partir de los diez años lo aconsejable es hablarle sin ese tono infantil, ya que perciben cuando se les trata como a un bebé.

Cuando un niño se marcha satisfecho, de camino a casa le cuenta la experiencia a su madre, y ese comentario pesa mucho más que cualquier folleto. A esto se añade que el pequeño al que se trató con respeto vuelve a los quince años para la segunda fase y lo hace acompañado de sus hermanos: al final se gana a toda la familia.

La charla sobre el precio

Las familias se fijan en cuánto pagan al mes, no en la cantidad final, y esa comparación engaña: al repartir el pago entre más mensualidades baja la cuota y, aun así, el tratamiento sale más caro.

El presupuesto debe recoger el coste total, cuántos meses se prevé que dure el tratamiento, la mensualidad y el detalle de lo que va incluido: las revisiones, las urgencias por rotura del aparato, las radiografías, los retenedores y cuánto dura el seguimiento. Como los aparatos removibles terminan extraviándose, conviene indicar cuanto antes lo que cuesta reponer uno; si la familia se entera después, lo vive como un coste que se le había ocultado.

Cada etapa tiene asignado su importe, y respecto a la segunda se aclara que quedará fijada llegado su momento. Piénsalo bien antes de lanzarte a pelear por quien pone la tarifa más baja: cuando el trato va a prolongarse durante dos o tres años, empezar hablando de precio hace que la relación arranque con tensión.

Canales que dan buen resultado en ortodoncia infantil

Una página específica, distinta de la del adulto

Ortodoncia infantil e interceptiva en una URL propia: a qué edad hacer la primera revisión, qué aparatos hay y para qué sirve cada uno, las dos fases, su duración, su coste y las dudas del padre. El error más habitual es despacharlo de pasada dentro de la página general.

Ficha de Google y reseñas que mencionen a niños

Una sola reseña en la que una madre relata que su hija de nueve años entiende su expansor y lo lleva sin problemas vale más que veinte que elogian la amabilidad del personal. Lo mejor es pedirlas al retirar el aparato, aplicando el método que detalla la guía sobre cómo pedir reseñas a pacientes.

Google Ads según la intención

Merece la pena poner dinero en ortodoncia infantil y en ortodoncista para niños acompañados de tu ciudad, lo mismo que en expansor de paladar y en mordida cruzada en niños. Sin embargo, apostar por ortodoncia invisible a secas o por brackets baratos no resulta rentable, ya que atraen a un público adulto que anda comparando precios.

El sistema de citas también funciona como canal

Si las revisiones se solapan con el horario de colegio, las franjas de tarde se agotan rápido y aparecen las inasistencias, que en un tratamiento largo estiran el proceso durante semanas. Reservar los últimos turnos de la jornada para el alumnado, agrupar en una misma cita a los hermanos y afinar los avisos rinde más que subir el presupuesto, tal como recoge la guía sobre cómo reducir las ausencias en las citas.

La lista de casos en observación

La cartera de los próximos años se nutre de los niños que acuden a consulta y no inician tratamiento. Ninguno tendría que irse sin una revisión agendada para dentro de seis meses y sin que a la familia le llegue un recordatorio cuando toque la cita. Entre todos los activos, este es el que más a menudo acaba languideciendo en una hoja de cálculo.

La publicidad sanitaria cuando el paciente es menor de edad

Tres asuntos cerrados antes de poner nada en marcha.

  • La imagen de un menor. Mostrar la fotografía o el vídeo de un niño en un anuncio exige que quienes ostentan la patria potestad autoricen de manera expresa ese uso concreto. El consentimiento clínico no resulta suficiente.
  • Los antes y después. Casos verídicos que se enseñan tal cual, sin retoques, como una experiencia concreta y nunca como aquello que le ocurrirá a cualquiera.
  • El tono. Si el tratamiento va dirigido a un menor, quedan fuera los descuentos y las cuentas atrás. También conviene calibrar el recurso a las burlas que sufre en el colegio: alude a una realidad, aunque emplearlo como reclamo carga de presión a la familia.

Qué medir, errores caros y cómo empezar

Medir aquí es hacer un seguimiento de lo que sucede a lo largo de años, desde la revisión inicial hasta el tratamiento.

  • Cada mes, qué número de niños acude por primera vez a revisión y a través de qué vía llegan: web, odontopediatra, pediatra o boca a boca.
  • Qué proporción pasa a observación y, dentro de ese conjunto, cuántas empiezan el tratamiento al cabo de un año.
  • Cuántas jornadas transcurren desde la primera consulta hasta que la familia da su conformidad, y qué planes se plantearon frente a los que terminaron aprobándose.
  • Dentro de una misma familia, los hermanos y las segundas fases son algo a lo que casi nadie presta atención.

Hay errores que salen especialmente caros. Uno es abordar la ortodoncia infantil como si se tratara de una versión en pequeño de la del adulto. Otro, no explicar en qué consiste la revisión temprana. También pesa presentar la segunda fase cuando aún no se había anunciado, o permitir que la lista de observación se vaya apagando poco a poco. Y, por último, hablar únicamente con el padre.

Para empezar, convendría diseñar una página propia que detalle las dos fases, difundir material sobre los hábitos y la respiración bucal, asignar una denominación y una tarifa a la revisión temprana, preparar un listado de seguimiento con alertas y facilitar el plan por escrito desde la consulta inicial. Cómo encaja todo ello con el resto se detalla en la página de marketing para ortodoncistas.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad conviene hacer la primera revisión de ortodoncia?

Hacia los seis o siete años, cuando ya han salido los primeros molares e incisivos permanentes, se puede empezar a valorar cómo crece el maxilar. Es la cita que más casos aporta y, aun así, casi ninguna clínica la anuncia. Conviene reservarle una página propia, señalar su precio o precisar que va incluida y explicar qué se examina durante la consulta.

¿Cómo explicar el tratamiento en dos fases sin que parezca un doble cobro?

Lo que las diferencia es el momento de su aplicación, no la técnica empleada. La etapa temprana aborda todo aquello vinculado al crecimiento, un tipo de problema que solo tiene arreglo mientras el hueso continúa desarrollándose. La etapa posterior busca colocar en su sitio las piezas dentales cuando ya ha brotado la dentadura completa. Durante la consulta inicial se entrega por escrito el plan completo, con la finalidad y el precio detallados para cada una de las etapas.

¿Por qué conviene convencer también al niño?

Porque quien lleva el aparato es él. Si el niño entiende para qué sirve, cumple con las horas indicadas; cuando lo vive como una imposición, acaba dejándolo en la mochila y entonces el tratamiento se alarga. Enseñarle cómo es, adelantarle qué va a notar en las primeras jornadas y darle una responsabilidad suya se refleja en los resultados, y también en lo que cuenta luego en casa.

¿Qué signos de respiración bucal deberían llevar a una consulta?

Aunque los términos técnicos se les escapen, los padres detectan en casa sin dificultad ciertas señales: que el niño duerma con la boca abierta, ronque, se levante agotado, tenga los labios resecos y con grietas, coma muy despacio, mantenga el hábito de chuparse el dedo pasada la edad del recambio o presione la lengua contra los dientes al tragar. Precisamente por lo sencillo que resulta reconocerlas, funcionan estupendamente como contenido de captación.

¿Está permitido usar fotos de menores en la publicidad de la clínica?

Solo cabe hacerlo cuando los titulares de la patria potestad dan su autorización expresa y referida en concreto a ese uso publicitario. El consentimiento que se firmó para la historia clínica no cubre este caso, y si el menor ya tiene edad suficiente conviene recabar además su propio acuerdo. En cuanto a las fotografías del antes y el después, hay que presentarlas como un ejemplo concreto, sin manipular la imagen y sin sugerir que cualquier persona alcanzará ese mismo resultado.

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