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Cómo conseguir pacientes de prótesis de rodilla en tu clínica de traumatología

Lleva años aguantando esa rodilla y, aun así, la que termina consultando en Google es su hija; lo que da miedo no es el quirófano, es todo lo que viene después.

En traumatología privada, casi ninguna intervención llega al importe de la prótesis de rodilla, y son muy pocas las cirugías que tardan tanto en concretarse. A nadie se le ocurre un martes cualquiera plantearse pasar por quirófano. Detrás quedan años de artrosis, calmantes, infiltraciones y sesiones de fisioterapia; el paciente aguanta por temor a la operación hasta que la propia rodilla le arrebata la autonomía. Y es justo ese instante el que conviene acompañar.

Son pocas las webs de traumatología que tienen presentes tres factores que envuelven esa decisión: a menudo quien realiza la búsqueda en internet no es el propio paciente, aquello de lo que de verdad se conversa son los plazos y la cobertura, y lo que genera rechazo es el miedo a lo que viene después de la intervención, por encima de la intervención misma.

Quién decide, quién investiga y quién deriva

La mayoría de las personas que acuden a consulta pasan de los sesenta y cinco, arrastran una artrosis que ya está avanzada y, sin apenas darse cuenta, han reducido poco a poco su vida cotidiana: rehúyen las escaleras, duermen mal y han dejado de salir a comprar. El paso lo dan cuando la rodilla les priva de algo que valoran, no cuando la radiografía empeora.

Ahora bien, quien realmente teclea en Google, coteja clínicas y lee las opiniones suele ser un hijo o una hija con edades comprendidas entre los cuarenta y los cincuenta y cinco años. Esa misma persona es la que acude contigo a la consulta y, en muchos casos, asume el pago o gestiona el seguro. De ahí que tu web reciba a dos tipos de lector: uno busca sentirse tranquilo y el otro reclama criterio, plazos y precio.

Hay un tercer protagonista que casi siempre pasa desapercibido: el médico de familia, el rehabilitador y el fisioterapeuta que llevan años tratando esa rodilla. Ningún otro canal de derivación resulta tan natural para este procedimiento, y se alimenta mediante el trato cercano y unos buenos informes de retorno, jamás con publicidad.

En qué momento operar y cuándo esperar aún

La cirugía se plantea únicamente cuando confluyen tres factores: un dolor que ya no cede con el tratamiento conservador, una limitación real para caminar, descansar de noche o subir escaleras, y unas alteraciones degenerativas que expliquen esas molestias. Quien pasa por el quirófano es la persona, nunca su radiografía. Dejarlo claro en la web aporta calma a quien llega con una imagen alarmante y apenas síntomas.

Explicar con precisión qué separa a una prótesis parcial de una total, según los compartimentos afectados y cómo estén los ligamentos, sirve para guiar a quien lee y para que sepa qué puede esperar. Conviene además desglosar las revisiones que se hacen antes, entre ellas el estado general, el peso, cómo se lleva la diabetes, el consumo de tabaco y las infecciones activas: de todo eso depende la fecha y, a veces, hay que emplear varias semanas en preparar al paciente.

Reconocer que aún no ha llegado el momento también exige valentía. Cuando alguien mantiene su vida normal, espera volver a practicar un deporte de impacto o no está en condiciones de afrontar la rehabilitación necesaria, lo honesto es responderle que no, o al menos que todavía no. En un campo donde las familias sospechan que se les quiere colocar una intervención, transmitir ese mensaje genera confianza.

Compites con la lista pública y con el seguro

En este ámbito, el competidor no se sienta en la consulta de al lado. Existen tres vías posibles. La primera es la sanidad pública, donde el tiempo de espera cambia según la comunidad y el hospital, y donde no puedes elegir al cirujano. La segunda es la mutua o el seguro, que reclama una autorización previa, te obliga a moverte dentro de su listado de profesionales y a veces restringe los materiales. La tercera es abonarlo de forma directa, lo que te da fecha y capacidad para decidir.

Por eso, en la etapa comercial, la atención se concentra en los plazos y la cobertura, y la web debe responder a ello sin rodeos: cuánto se tarda desde la primera consulta hasta la intervención, qué gestiones tiene que hacer quien acude con un seguro y qué incluye el presupuesto para quien paga por su cuenta. Un presupuesto bien hecho detalla los honorarios del equipo, la anestesia, el implante, la estancia hospitalaria, las revisiones y la rehabilitación, y también deja claro qué pasa ante una posible complicación. Los conceptos que más varían entre un paciente y otro son el implante y los días de ingreso, que resultan además los más difíciles de comparar para quien se opera.

Lo que de verdad asusta es la rehabilitación, no el quirófano

Si en la consulta le preguntas qué es lo que más le preocupa, comprobarás que la anestesia casi nunca aparece en su respuesta. Lo que menciona es el dolor tras la operación, cuánto tiempo tardará en volver a andar, quién lo ayudará en casa, si podrá subir a una vivienda sin ascensor, en qué momento conducirá otra vez y si terminará dependiendo de alguien. Cuando una web deja fuera todas estas cuestiones, responde a una pregunta que ningún paciente se hace.

Funciona describir cada fase por separado y hablando como lo haría el propio paciente: ponerse en pie con apoyo técnico durante las primeras horas, un paso corto por el hospital, empezar la fisioterapia desde el principio, pasar unas cuantas semanas con muletas, ir ganando movilidad de manera gradual y notar avances que se prolongan durante meses. Y siempre sin prometer nada, porque el ritmo lo marca cada uno y la rehabilitación pesa lo mismo que la operación.

Rara vez se ofrece, aunque su utilidad es enorme: entregar un documento con las pautas para acondicionar la casa, en el que se indique la altura idónea de la cama, las alfombras que conviene retirar, el asiento del baño y quién acompañará al paciente en esas primeras semanas. De este modo se reducen tanto las llamadas como el nerviosismo, y aquello que sin esa guía se percibiría como un sobresalto se convierte en algo esperable.

El cirujano cuenta más que la clínica

Al seguir este camino, la familia acaba fijándose en un nombre concreto. Pregunta a personas de su círculo, escribe en Google el nombre del profesional y comprueba si cuenta con página web propia, reseñas, vídeos y trayectoria. Cuando lo único que aparece es su ficha dentro de un cuadro médico, se te ha escapado el instante en que se decidía.

Contarlo es cuestión de una frase, aunque ejecutarlo requiera muchas horas. Se necesita una página propia del cirujano donde queden reflejados su formación, su labor especializada en el miembro inferior, los centros en los que interviene y el modo en que atiende en su consulta. A ello hay que añadir vídeos cortos, grabados en el idioma de cada paciente, que expliquen en qué consiste la operación y cómo transcurre la recuperación. Sobre ese material descansa por completo el posicionamiento de la especialidad.

El terreno más rentable está en la segunda opinión. Muchas personas cuentan ya con una indicación de la sanidad pública o de su seguro y buscan contrastarla antes de tomar una decisión. Cuando presentas ese servicio con claridad, indicando el precio, la documentación que deben aportar (informes y pruebas de imagen) y el tiempo de respuesta, acabará acudiendo a ti quien tiene la decisión prácticamente resuelta. Y si empleas cirugía asistida por navegación o por robot, muéstrala como un instrumento en manos del cirujano, jamás como la promesa de un resultado mejor.

Canales que dan juego en este procedimiento

Una página del tratamiento con espacio para quien acompaña

Recoge ya resueltas las preguntas más frecuentes de la familia, aquello que entra en el presupuesto, las tres modalidades de pago, los plazos y el proceso repartido por fases. Funciona al margen de la página genérica de rodilla, que mezcla artrosis, ligamentos y meniscos y no acaba de servir para ninguno de esos casos.

Búsquedas con intención, en sus propias palabras

El paciente y su hija no buscan artroplastia: buscan operación de rodilla junto al nombre de su ciudad, cuánto cuesta una prótesis de rodilla, prótesis de rodilla por lo privado o segunda opinión de traumatólogo; en ese tipo de términos sí merece la pena poner dinero. Con artrosis de rodilla, ejercicios o remedios pasa justo al revés: son búsquedas informativas que te saturan la agenda con personas que aún ni se plantean entrar en quirófano, de modo que pagar por ellas resulta un error. Tienes el planteamiento al detalle en la guía para conseguir pacientes de traumatología.

Reseñas centradas en la recuperación

Tiene mucho más valor el testimonio de alguien que, tres meses después, cuenta que ya vuelve a acercarse caminando al mercado que una reseña redactada en la misma semana en que le dieron el alta. Por eso conviene solicitarla durante la consulta de revisión, y no al salir del quirófano; tienes todo el proceso explicado al detalle en la guía sobre cómo pedir reseñas a los pacientes.

La fisioterapia como aliada, en ambos sentidos

Estos pacientes ya pasaron por los centros de fisioterapia mucho antes de sentarse en tu consulta, y regresan allí en cuanto tú terminas tu parte. De ahí que un acuerdo para enviaros pacientes en las dos direcciones valga más que cualquier campaña, siempre con un protocolo postoperatorio compartido e informes que resulten fáciles de entender. Cómo se aborda todo esto desde el otro lado lo explica el post sobre captar pacientes de fisioterapia.

El teléfono, que en este sector todavía manda

Este tipo de paciente prefiere llamar antes que rellenar un formulario. Quien atiende el teléfono debe estar preparado para resolver dudas sobre los plazos, la cobertura y qué conviene llevar a la primera consulta; además, toda llamada que quede sin responder se devuelve dentro de la jornada. Es precisamente en este punto donde se pierden más pacientes sin que nadie se dé cuenta.

Publicidad sanitaria: lo que no está permitido prometer

No se puede prometer al paciente que volverá a caminar como antes ni que se le quitará el dolor, y tampoco cabe asegurar que retomará el deporte. En la misma línea, tampoco está permitido exhibir las tasas de éxito de la clínica ni establecer comparaciones con otros centros. Emplear imágenes de pruebas o fotografías del antes y el después exige contar con un consentimiento explícito y con un contexto adecuado, y nunca deben utilizarse como reclamo.

Los testimonios se publican con el permiso de quien los aporta y sin dar a entender un resultado asegurado a quien va a leerlos. La vida útil del implante se cuenta sin números tajantes: dura mucho tiempo, aunque no para siempre, y con el paso de los años puede pedir un recambio, algo que conviene advertir de entrada y no cuando ya es tarde. Existe además una tentación poco elegante que hay que esquivar: aprovechar las listas de espera de la sanidad pública para meter miedo. Comunicar tus tiempos es lícito; atemorizar, no.

Qué medir cuando la decisión lleva meses

  • Qué volumen de primeras visitas se registra al mes y a través de qué canal llegan: ficha de Google, página del tratamiento, recomendación o derivación.
  • Las peticiones de una segunda opinión son el primer indicio de que el contenido está funcionando.
  • Proporción de consultas iniciales que acaban derivando en una intervención y tiempo que transcurre entre ambas, que en este caso se contabiliza en meses.
  • Reparto según el método de pago, para medir hasta qué punto dependes de las aseguradoras.
  • Llamadas que quedan sin atender frente a llamadas que reciben respuesta. Con un perfil así, cuando el teléfono suena y nadie contesta, ese paciente acaba marchándose.
  • Pacientes que vuelven para operarse la otra rodilla y personas que llegan porque ellos las han recomendado.

Errores costosos y por dónde arrancar

  • Dirigirse a los colegas. La familia es quien decide, y le resulta imposible entender una página repleta de términos quirúrgicos.
  • Dejar de lado el asunto del dinero y los plazos. El visitante venía justamente a informarse sobre eso y, al no encontrarlo, se va a otra página.
  • La segunda opinión no se propone. Equivale a regalársela al paciente que más ha avanzado dentro del embudo.
  • Vender la operación y desentenderse de lo que viene luego. Cuando el paciente empieza la rehabilitación sin que nadie le haya adelantado qué va a pasar, termina llamando, quejándose y dejando una reseña tibia sobre una cirugía que, en realidad, había salido bien.
  • Quedar sujeto a un cuadro médico. Cuando tu nombre no aparece en ninguna búsqueda, el paciente termina eligiendo según el precio o según la cercanía.

Lo ideal es comenzar respetando esta secuencia. En primer lugar, una página específica del procedimiento donde se detalle el recorrido paso a paso y las tres formas de pago disponibles. Luego, el perfil del cirujano, acompañado de vídeos y de las valoraciones que se piden durante la revisión a los tres meses. Más adelante, un servicio de segunda opinión que deje claros su precio y su plazo. Y para terminar, un convenio real con las clínicas de fisioterapia cercanas a ti. En la página de marketing para traumatología encontrarás cómo encaja todo esto con el día a día de la consulta.

Preguntas frecuentes

¿A quién debe dirigirse la página de prótesis de rodilla?

Concebida para llegar a la vez a dos tipos de lector. De un lado, el hijo o la hija que investiga en la red, compara unas clínicas con otras, gestiona el seguro y quiere conocer plazos y precio. Del otro, el paciente, que por lo común pasa de los sesenta y cinco años y busca sentirse tranquilo con el dolor y con la recuperación. Cuando la web se orienta solo a uno de los dos, se pierde a quien tenía en sus manos la parte práctica de la decisión.

¿Cómo explicar la recuperación sin prometer resultados?

Las fases de la recuperación explicadas con un lenguaje cercano al paciente: ponerse de pie con ayuda técnica, un ingreso corto en el hospital, fisioterapia que arranca desde el minuto uno, unas cuantas semanas apoyándose en muletas y una evolución que continúa progresando durante meses. Recordando siempre que cada paciente avanza a su propio ritmo y que rehabilitarse pesa tanto como la propia cirugía. Cuando existe una guía para dejar la casa lista, se reducen las llamadas y baja el nerviosismo.

¿Por qué merece la pena ofrecer un servicio de segunda opinión?

Porque hay mucha gente que llega con la operación ya indicada por la sanidad pública o por su seguro y quiere contrastar el criterio antes de entrar en quirófano. Este tipo de paciente se presenta con los informes en la mano y prácticamente resuelto qué va a hacer. Abordarlo sin rodeos, poniendo el precio por delante, especificando qué documentación tiene que aportar y fijando un tiempo de respuesta, funciona mejor que lanzar una campaña genérica de traumatología.

¿Qué búsquedas vale la pena pagar y cuáles no?

Conviene destinar el presupuesto a las consultas que muestran intención de compra y emplean el vocabulario del propio paciente: operación de rodilla acompañada del nombre de la ciudad, cuánto cuesta una prótesis de rodilla, prótesis de rodilla por lo privado y segunda opinión de traumatólogo. Sin embargo, invertir en artrosis de rodilla, ejercicios o remedios resulta poco rentable, porque quienes las buscan solo quieren informarse y todavía están lejos de plantearse pasar por el quirófano.

¿Qué está prohibido decir al anunciar una prótesis de rodilla?

No es posible prometer al paciente que volverá a caminar como antes, que el dolor se irá del todo o que retomará el deporte, y tampoco cabe apoyarse en porcentajes de éxito propios. Difundir imágenes diagnósticas y testimonios exige contar con el consentimiento y aportar el contexto adecuado. Al hablar de cuánto dura el implante conviene evitar cifras cerradas y advertir de que quizá haga falta sustituirlo, mientras que los tiempos de espera de la sanidad pública tampoco deben usarse para infundir temor.

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