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Cómo conseguir pacientes de suelo pélvico en tu consulta

Casi nadie empieza tecleando «suelo pélvico»: pone el síntoma que arrastra callado desde hace meses o años. Y como el tratamiento pide varias sesiones, el dinero no llega en la primera cita, sino en quien acaba el plan completo.

Pocos servicios se enfrentan a la peculiaridad comercial que tiene la fisioterapia de suelo pélvico: la persona que pide cita no llega buscando el tratamiento por su nombre. Llega con una molestia que ha guardado en silencio durante meses, a veces durante años, y con frecuencia ni siquiera sabe que existe un profesional dedicado justo a resolverla. Que tu agenda se llene o que dependas de las derivaciones que aparecen por su cuenta se decide precisamente en esa distancia entre lo que la persona siente y el nombre con el que se conoce el servicio.

Aquí lo que abordamos es un proceso, no una visita puntual: se trata de varias sesiones repartidas a lo largo de las semanas, acompañadas de tareas para realizar en casa. La rentabilidad está en quien completa todo el plan, no en quien acude a la consulta por primera vez.

Dos vías de acceso que no tienen nada que ver

Bajo una sola etiqueta conviven dos pacientes que no comparten ni motivos, ni horarios, ni reparos. Dirigirles a ambos el mismo mensaje lo echa a perder desde el primer momento.

  • La mujer en posparto. Llega durante los meses que siguen al parto, muchas veces derivada tras haber visitado a la matrona o al ginecólogo. Su motivo de consulta suele ser el escape de orina al toser o reír, las molestias en el periné después de una episiotomía o un desgarro o en la cicatriz de la cesárea, la separación abdominal, la sensación de peso o el dolor en las relaciones. Su principal obstáculo rara vez tiene que ver con el precio; le cuesta más sacar tiempo y compaginarlo con el cuidado del bebé.
  • La mujer que carga con el síntoma desde hace años. Ronda los cincuenta, en ocasiones los supera, y las pérdidas se han vuelto rutina: usa compresa cada día, se asegura de pasar por el baño antes de salir de casa por precaución y ha dejado de correr y de dar saltos. Muchas de ellas están convencidas de que es la factura inevitable de haber sido madre y de que la única salida es el quirófano.

La primera trata de recuperar lo que tenía hasta hace nada; la segunda, en cambio, ni se plantea que eso sea posible. Cada una necesita páginas, anuncios y horarios distintos.

El hombre operado de próstata, el público que casi nadie atiende

Hay un tercer perfil donde la demanda es real y la competencia resulta casi inexistente: el varón con incontinencia después de operarse de próstata. Le dan el alta con compresas, apenas conoce las opciones de rehabilitación y da por hecho que su caso no tiene arreglo. Casi nunca encuentra una página dirigida a él, ya que los contenidos sobre suelo pélvico suelen redactarse en femenino y acompañarse de imágenes de embarazo.

Marcar la diferencia en este terreno resulta sencillo: bastan dos cosas, crear una página propia sobre la incontinencia posterior a la prostatectomía, en la que se explique el trabajo de la musculatura y el contenido del plan, y mantener una buena relación con urología. Súmale que hablamos de un paciente que suele ser fiel, porque el síntoma lo acompaña durante toda la jornada.

Qué busca cada paciente antes de reservar cita

Casi nadie empieza tecleando «fisioterapia de suelo pélvico». Lo que la gente pone en el buscador es la molestia que nota, con las mismas palabras que usaría en su casa.

  • Toso, me río o doy un salto y se me escapa el pipí. Es la consulta que más se repite y, al mismo tiempo, la que más apuro cuesta plantear.
  • Sentir un bulto o una sensación de peso. Así se describe un prolapso mientras todavía se ignora qué nombre tiene.
  • Barriga que no vuelve a su sitio después del parto, separación abdominal. Coinciden aquí la preocupación por el aspecto y la preocupación por la función, y ambas piden ser tenidas en cuenta sin restarle valor a ninguna de las dos.
  • Dolor en las relaciones. Son muchos los que hacen esa búsqueda y muy pocos los que la responden con seriedad.
  • Incontinencia después de operarse de próstata. La buscan hombres que apenas encuentran quien les dé respuesta.

A una web genérica que solo anuncie «tratamos el suelo pélvico» no llega nadie. Lo que da resultado es crear una página por cada síntoma, empezando por las expresiones que emplea el propio paciente y reservando el nombre técnico para más adelante.

El pudor se despeja en la web, no en la camilla

En ninguna otra fase se pierden tantas citas, y la culpa no es del marketing: es del miedo a lo que se desconoce. Hay muchas personas que necesitan ponerse en tratamiento y nunca llegan a pedir cita porque ignoran en qué consistirá lo que van a hacerles, y tampoco piensan llamar para averiguarlo.

La respuesta está en anticiparlo todo, dejarlo por escrito y hablar con claridad, sin rodeos. Cuánto dura la primera cita. Que empieza con algunas preguntas acerca del historial obstétrico y de las costumbres relacionadas con la actividad, la digestión y la orina. Que se revisan la postura, la manera de respirar y el abdomen. Que la exploración interna, ya sea vaginal o anal, es la que revela de verdad cómo reacciona la musculatura; que se lleva a cabo con guante y lubricante mientras se explica cada paso; que nunca se practica sin consentimiento, que puede interrumpirse cuando la persona quiera y que existe la opción de posponerla a otra cita. Y en qué condiciones se desarrolla: a puerta cerrada, sin nadie más en la consulta y con toda la calma.

Cuando una clínica publica ese texto, disminuyen las consultas de mero trámite y aumentan las personas que ya han decidido acudir.

La derivación pesa más que cualquier anuncio

El posparto tiene su llave en manos de las matronas y de la ginecología: son ellas quienes deciden hacia dónde va la paciente. Cuando falta esa conexión, la única vía que queda es que una mujer con un recién nacido en casa dé contigo por sí sola, un proceso que resulta lento. Entre quienes derivan de forma relevante están las matronas de atención primaria y también las que dirigen los grupos de preparación al parto y al posparto, a lo que se suman ginecología, urología, coloproctología y medicina de familia.

Recibir nuevas derivaciones de pacientes tiene más que ver con completar el circuito que con el folleto: hazle llegar a quien te derivó un informe breve donde figuren tus hallazgos, el plan y el alta. Impartir una charla en un grupo de posparto rinde más que cualquier visita comercial. En la página de marketing para matronas se explica cómo relacionarse con los profesionales del embarazo.

La adherencia es la captación que de verdad cuenta

Las personas que dejan el tratamiento tienden a hacerlo en una fase muy reconocible: justo cuando las mejoras empiezan a hacerse visibles. Como al toser ya no se producen pérdidas de orina, se considera que el problema está superado y el plan queda inconcluso, de modo que nada termina de consolidarse. Después del parto surge encima una causa muy concreta: si el bebé se pone malo, toca cancelar una sesión, y con faltar a esa cita ya es suficiente para que el tratamiento se derrumbe.

La clave está en la organización. En lugar de conceder las citas una a una, bloquea ya desde la primera jornada todo un conjunto de sesiones y manda recordatorios antes de cada una. Ponles muy fácil modificar la hora, porque mostrarte rígido con una mujer que acaba de dar a luz te acabará costando muy caro. Para el trabajo en casa, prescribe dos o tres ejercicios, nunca quince. Una vez que le des el alta, programa una revisión a los tres meses y otra a los seis: de ese modo aseguras lo conseguido y vuelves a reactivar la agenda.

Cómo hablar del precio y los bonos

En realidad, a nadie le interesa el coste de una sola sesión; lo que busca la gente es saber a cuánto asciende el total. Cuando das una cifra suelta y ocultas el resto, el paciente termina echando cuentas por su cuenta y la suma que le sale resulta más alta que la verdadera.

Deja bien visible cuánto cuesta la primera valoración, cuánto dura y qué incluye, y facilita esos mismos datos sobre la tarifa de cada sesión y sobre los bonos. En los motivos de consulta más habituales, aporta una estimación del rango de sesiones que suelen hacer falta y aclara que la cifra definitiva se concreta durante la propia valoración. Señala también si trabajas con alguna mutua o si existe la posibilidad de reembolso. Y algo más: si tu valoración equivale a una hora de sesión clínica, evita presentarla como gratuita, porque ese reclamo acaba restando valor justo a aquello que mejor refleja tu criterio.

Los canales que funcionan en suelo pélvico

Una página para cada síntoma, no para cada servicio

Cada situación cuenta con su propia sección: incontinencia de esfuerzo, prolapso, diástasis y recuperación tras el parto, molestias durante las relaciones e incontinencia después de una cirugía de próstata. En cada una se explica cómo es la primera visita, un número aproximado de sesiones que suelen necesitarse y una forma de pedir cita sin verse obligado a contar el problema por teléfono. Cómo se estructura todo ello queda descrito en la página de SEO para fisioterapeutas.

Ficha de Google y reseñas que mencionen el problema

Cuando el servicio es de proximidad, la ficha marca la diferencia: a nadie se le ocurre cruzar la ciudad por una cita semanal. Aquí conviene pedir las reseñas con delicadeza, porque hay quien prefiere no asociar su nombre a lo que le pasa. Pídelas de todos modos al dar el alta o durante la revisión, sin guion y sin agobiar: vale más el testimonio de quien cuenta que ha vuelto a correr sin miedo que veinte halagos sobre el trato recibido. Tienes toda la información en la guía sobre cómo pedir reseñas a pacientes.

Anuncios por síntoma y contenido para leer de noche

Cuando las pujas de Google Ads unen el síntoma con la ciudad, o apuntan al posparto y a la prostatectomía, es cuando dan resultado. No se puja por «ejercicios de Kegel» ni por «suelo pélvico» a secas, porque esos términos traen a quien busca simplemente un vídeo. Al tratarse de un contenido que se consulta por la noche y con discreción, aclarar qué es un prolapso o qué cabe esperar tras una prostatectomía consigue llegar a personas que todavía ignoran que su problema tiene solución. Diagnosticar por las redes queda descartado.

Publicidad sanitaria: qué no está permitido decir

Las leyes no dejan comprometer resultados clínicos y en este terreno la tentación salta a la vista: afirmar que las pérdidas se acaban, fijar una cantidad concreta de sesiones para terminar con la incontinencia o describir la recuperación posparto como una cuestión zanjada dentro de un plazo determinado.

Vigila otros tres puntos. El primero, las fotografías del abdomen de antes y después: trasladan un tratamiento funcional hacia lo estético y exigen consentimiento expreso. El segundo, los sillones de electroestimulación cuando se presentan como si sustituyeran a la valoración y al ejercicio, ya que no dejan de ser un recurso más dentro de un plan. El tercero, la titulación: debe quedar bien claro que quien atiende es un fisioterapeuta colegiado y con formación específica.

Qué medir, qué fallos cuestan caro y por dónde empezar

Aquí, medir implica examinar el trayecto completo sin detenerse en la visita inicial.

  • Primeras visitas al mes por puerta de entrada: posparto, mujer mayor con incontinencia o prolapso y hombre posprostatectomía.
  • De dónde procede realmente cada una: si llega por derivación y de quién, a través de la ficha de Google, de una búsqueda, de un anuncio o por recomendación.
  • Media de sesiones por proceso y cantidad de personas que completan el plan propuesto.
  • Altas emitidas con la revisión ya concertada, y cuántas de esas revisiones terminan realizándose.
  • Los derivantes activos de cada trimestre son la señal que te avisa antes de que caiga la agenda.

Ciertos errores salen caros y reaparecen sin parar. El primero es esa página genérica que no interpela a nadie en particular. El segundo, lanzar palabras como hipopresivos o diástasis a quien únicamente nota que pierde orina. Ocurre además que no se explica en qué consiste la valoración interna, así que, por vergüenza, dan marcha atrás quienes ya lo habían decidido. Hay otro error: entregar las citas por separado y comprobar cómo el plan se viene abajo en la tercera sesión. Y el que cierra la lista, no mandar nunca un informe a quien deriva al paciente. Saber decir que no forma parte igualmente del oficio: ante un sangrado sin filiar o una infección activa, o cuando se pretende resolver en dos sesiones algo asentado desde hace quince años, toca derivar o rebajar la expectativa antes de vender un bono.

Conviene empezar por lo siguiente: crear una página por cada síntoma donde se detalle en qué consiste la primera visita, elaborar un informe que hagas llegar a las matronas y a los servicios de ginecología de tu entorno, organizar las citas por bloques acompañadas de sus recordatorios y programar revisiones a los tres y a los seis meses. Si quieres comprobar cómo encaja todo esto con el resto de áreas del centro, visita la página de marketing para clínicas de fisioterapia.

Preguntas frecuentes

¿Por qué apenas nadie busca «fisioterapia de suelo pélvico»?

La razón es que el paciente cuenta lo que le ocurre con palabras cotidianas: se le escapa la orina al toser, nota un bulto o una sensación de pesadez, el vientre no vuelve a su forma después del parto o siente dolor durante las relaciones. Los términos médicos aparecen más tarde. Por eso resulta preferible reservar una página para cada síntoma en vez de agruparlo todo en una sola página de servicio.

¿Cómo explicar la valoración interna sin asustar al paciente?

Detallándolo entero de antemano, por escrito y también en la web: qué duración tiene la primera sesión, cómo empieza con una entrevista y una valoración de la postura y del abdomen, cómo en la exploración interna se emplean guante y lubricante, cómo se aclara cada uno de los pasos, cómo nada se realiza sin consentimiento, cómo puede interrumpirse en cualquier momento y cómo cabe la posibilidad de posponerla a otra cita.

¿Cómo conseguir derivaciones de matronas y ginecología?

Lo decisivo es el circuito de retorno, y no los folletos. Envía a quien te derivó al paciente un informe conciso donde recojas tus hallazgos, el plan y el alta. Plantea impartir una charla en un grupo de preparación al parto o una breve sesión formativa para el equipo de una consulta. Cuando comprueba que el paciente vuelve mejor y bien informado, quien deriva repite la derivación.

¿Por qué dejan los pacientes el plan a medias?

Casi siempre ocurre porque perciben una mejora y dan por hecho que la dificultad ya quedó atrás. En el posparto se añade el factor logístico: el bebé cae enfermo, se falta a una cita y con ese pequeño vacío ya se deja el tratamiento. Lo recomendable es agendar varias sesiones desde la primera jornada, poner facilidades para reprogramar las visitas, mandar avisos y reducir los ejercicios domésticos a dos o tres.

¿Vale la pena trabajar el suelo pélvico masculino?

Efectivamente, y hay muy pocos rivales. La mayor parte del contenido disponible se dirige al público femenino, de modo que un hombre con incontinencia después de una cirugía de próstata apenas da con una página concebida para su caso. Montar una sección centrada en la recuperación tras la prostatectomía y cultivar la relación con urología permite abrir una vía de captación de pacientes bastante constante.

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