Cómo conseguir pacientes de TDAH en tu consulta psicológica
La demanda de evaluaciones de TDAH ha cambiado de raíz en apenas unos años. No hace tanto, el itinerario apenas variaba: el profesor avisaba a la familia, el pediatra derivaba el caso y los padres empezaban a buscar un psicólogo infantil. En la actualidad, un porcentaje creciente de las consultas viene de personas adultas que se han reconocido en un vídeo o en un hilo de redes sociales y quieren comprobar si eso que arrastran desde el colegio responde a un diagnóstico concreto.
Para una consulta de psicología, aquí conviven dos efectos a la vez. Por un lado crece la cantidad de gente que busca ayuda; por otro se dispara el ruido: test de diez preguntas que terminan con un "seguramente tienes TDAH", diagnósticos resueltos en una única sesión y un debate abierto sobre si se diagnostica más de la cuenta. A los pacientes con TDAH no los conquista la consulta que grita más fuerte, sino la que explica con mayor claridad su forma de evaluar y se atreve a decir que no cuando el caso no lo justifica.
El niño y el adulto: dos pacientes que no se captan igual
En el caso del TDAH infantil, quien decide no es el propio paciente, sino los padres. Y suelen hacerlo después de que alguien ajeno a la familia (el colegio, el pediatra, algún pariente) haya sido quien mencionó esa palabra por primera vez. Llegan a partes iguales preocupados y con sentimiento de culpa, con un informe del orientador o una nota de la tutora bajo el brazo, y formulan una pregunta muy terrenal: cómo actuar con el colegio.
A un adulto no lo acompaña nadie: llega solo y por una vía distinta. Lo normal es que sea una persona que se las ha arreglado bastante bien a base de esfuerzo y que, al encontrarse con algún contenido sobre el TDAH en adultos, se ha reconocido en la costumbre de aplazarlo todo, en el desorden o en lo que le cuesta rematar lo que empieza. Busca por la noche con el teléfono, y en esas búsquedas se juntan la esperanza de encontrar por fin una explicación y el miedo a que le digan que todo esto es una moda.
A cada uno de los dos hay que hablarle por separado desde tu web. Dedica una página a la evaluación en niños y adolescentes, con el vocabulario que usan los padres y el colegio, y crea otra aparte para la evaluación en adultos, formulada con las palabras de quien se plantea esa duda sobre sí mismo. Meter ambas en una sola página es la forma más rápida de no llegar a ninguno.
Quién es candidato a una evaluación y cuándo conviene derivar en lugar de evaluar
Conviene hacer una evaluación cuando los signos de falta de atención, hiperactividad o impulsividad tienen su origen en la infancia, aparecen en más de un contexto (en casa y en el colegio, o en casa y en el trabajo) y generan dificultades tangibles con las notas, el trabajo, los vínculos personales o la administración del dinero. El simple hecho de distraerse o de aburrirse no basta para justificarla.
Conviene dejar constancia, y por escrito, de quién no encaja en ese perfil. Cuando una persona se identifica con lo que ve en un vídeo, pero sus problemas de concentración vienen ya de hace un año y coinciden con una fase de ansiedad, con un proceso de duelo o con noches de apenas cinco horas de sueño, su necesidad va por otro lado. Con los pequeños ocurre algo parecido: buena parte de los comportamientos que evocan el TDAH sin corresponder a él se deben a un mal momento puntual a lo largo del curso, al paso a otro colegio o a una circunstancia familiar complicada.
Rechazar una valoración completa, o redirigirla hacia otra dificultad, sale caro en lo inmediato, aunque la compensación acaba mereciendo la pena. Cuando alguien se va con un "no" bien argumentado y transparente, se convierte en la mejor recomendación que puedes tener: es él quien te recomienda, porque ha comprobado en primera persona que tu trabajo no consiste en colocar diagnósticos. Y hay más: si una valoración termina descartando el TDAH, sigue siendo útil, ya que en la mayoría de los casos revela qué está pasando en realidad.
Qué consulta el paciente antes de pedir cita
Se distingue con bastante claridad la trayectoria que recorren las búsquedas, y tu web tendría que dar respuesta a cada una de esas fases.
- "Síntomas de TDAH en adultos" y "test TDAH". Es la fase en la que surge la primera sospecha. Aquí el paciente quiere reconocerse en lo que describes, y que siga leyendo dependerá de que le expliques qué distingue un cuestionario orientativo de una evaluación.
- "TDAH o ansiedad", "TDAH o altas capacidades". Estamos ante una duda de tipo diferencial. Quien lanza estas búsquedas ya sabe que los síntomas coinciden entre sí, y valora que el profesional lo reconozca.
- "Evaluación TDAH precio" y "cuánto cuesta un diagnóstico de TDAH". Aquí es donde el usuario sopesa alternativas. Si la respuesta no la ofreces tú, la ofrecerá una plataforma.
- "Psicólogo TDAH adultos" acompañado del nombre de la ciudad, o "psicólogo infantil TDAH" con la localidad al lado. Quien teclea así busca reservar una consulta. Ese término se gana con la página del servicio y la ficha de Google.
- "Informe TDAH para el colegio" y "lista de espera TDAH sanidad pública". Las búsquedas prácticas que hacen los padres en su día a día, y la razón por la que muchos acaban en la privada.
La página que mejor convierte: la evaluación explicada paso a paso
Cuando el objetivo es captar pacientes con TDAH, funciona mejor contar en qué va a consistir la visita que enumerar una retahíla de síntomas. Al adulto le preocupa que la consulta se limite a rellenar un test y salir por la puerta; a los padres, que en solo media hora le pongan una etiqueta a su hijo. Detallar cómo es el proceso desactiva las dos inquietudes.
Detalla en cuántas sesiones se reparte la evaluación y qué se aborda en cada una: la entrevista clínica junto con la historia del desarrollo, los cuestionarios que cumplimentan padres y profesores cuando se evalúa a niños, las escalas validadas y las pruebas de atención y de funciones ejecutivas. Añade también ese paso del que casi nadie habla: descartar otros cuadros que se prestan a confusión, como la ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño, las dificultades de aprendizaje o las altas capacidades.
Incorpora también lo que recibe la persona al finalizar: un informe con las conclusiones, su explicación y las recomendaciones, además de una sesión de devolución para resolver dudas. Cuando se trate de menores, apunta que ese documento permite solicitar medidas en el colegio. Explica igualmente cómo quedan repartidas las funciones: al psicólogo le corresponden la evaluación y el tratamiento, mientras que la medicación, si procede, la valora un psiquiatra o un neuropediatra con el que trabajas de manera coordinada. Para muchos padres es justo ese párrafo sobre la coordinación el que acaba de darles confianza.
Rigor frente a moda: el argumento que te distingue
Cuando pareces parte del problema, el debate sobre el sobrediagnóstico juega en tu contra; cuando te colocas en la posición opuesta, rema a tu favor. Ese adulto que ha leído aquello de que "ahora todo el mundo tiene TDAH" espera que alguien le confirme que no terminará cargando con el precio de una etiqueta.
Por eso resulta útil especificar qué prácticas no forman parte de tu método de trabajo. Durante la primera cita no ofreces diagnóstico alguno. Tampoco sustituyes la evaluación por un test online. Descartas las demás opciones antes de dar por confirmado un TDAH. A veces la conclusión es que no lo hay, y así se traslada.
Conviene entender que ese enfoque arrastra un efecto comercial secundario: reservarán cita menos personas, aunque subirá la proporción de quienes no la cancelan, completan todo el proceso y te recomiendan. Y tratándose de un servicio con precio cerrado repartido en varias sesiones, ese resultado es justo el que se persigue.
Colegios y pediatras: los derivadores que sostienen la agenda
Cuando hablamos de TDAH infantil, la captación no se decide en Google. Los orientadores de los colegios son quienes conviven cada día con los pequeños y, por eso, suelen ser los primeros en sugerir a las familias que acudan a consulta. Esa preocupación acaba en la consulta del pediatra, que busca un profesional a quien derivar el caso mientras en la sanidad pública se acumulan meses de lista de espera.
Lo que de verdad abre puertas es ofrecer valor, no rebajas. Sirve, por ejemplo, dar una charla al profesorado para que sepan distinguir cuándo un alumno está desatento, cuándo se aburre y cuándo arrastra una dificultad lectora. Funciona igual entregar al orientador un informe nítido y listo para usar en el aula dentro de un plazo razonable, porque el centro necesita ese documento para poner en marcha las medidas oportunas. En el caso del pediatra, la clave está en un detalle mínimo: devolverle siempre información sobre el niño que él te envió, siempre que los padres lo autoricen. Cuando el grueso de tu consulta lo forman menores, desarrollamos esta idea en marketing para psicología infantil.
En el caso de los adultos, el perfil de quien remite cambia: hablamos de médicos de familia, de psiquiatras que trabajan por su cuenta y desean una valoración psicológica a fondo antes de decidir el tratamiento, y de otros psicólogos que no realizan pruebas de TDAH y prefieren pasar esos casos a un compañero. Construir esa red de contactos requiere varios meses, pero resulta la forma más sólida de atraer pacientes y la que menos cuesta dentro del servicio.
Cómo hablar del precio de la evaluación
Una evaluación de TDAH bien hecha requiere varias visitas, la corrección de los tests fuera de consulta y muchas horas de redacción del informe. De ahí que sea un servicio de ticket alto respecto a lo habitual en psicología, y ese precio es la primera objeción del paciente.
Cuando se trata de la evaluación completa, lo que mejor funciona es establecer una tarifa fija y pública que especifique todo lo incluido: el número de sesiones, las pruebas, los cuestionarios dirigidos a terceros, el informe y la devolución. Publicarlo en la web tranquiliza a quien teme encontrarse con sorpresas y hace que quien solo busca un test barato se autodescarte. La evaluación jamás debe ir unida al tratamiento posterior. Se trata de dos decisiones distintas, y conviene que el paciente pueda encarar la segunda sin sentir que ha caído en una trampa.
Explica con total franqueza por qué algunas opciones tienen un precio tan reducido: casi siempre, porque se saltan las pruebas, no realizan el descarte y tampoco facilitan un informe que sirva para el colegio o para llevarlo a un psiquiatra. Ofrecer la posibilidad de pagar por fases ayuda más que rebajar la tarifa.
Canales que funcionan en el TDAH y el fallo típico de cada uno
- Dos páginas de servicio propias (una dirigida a adultos y otra a niños y adolescentes) en las que se detallen el proceso, el precio y las preguntas frecuentes. Constituyen el canal básico: cuando no están, el resto no llega a funcionar. El error más habitual consiste en crear una página genérica de "TDAH" que no aclara a qué público va destinada.
- Contenido que explica. Materiales que dejan claro qué diferencia hay entre el TDAH y la ansiedad, de qué modo se realiza la evaluación en personas adultas o qué medidas puede reclamar una familia en el centro escolar. Cuando surge una consulta, tanto Google como los asistentes de IA acuden a estos textos como referencia, si bien conseguir que se posicionen lleva meses. El error consiste en difundir relaciones de síntomas en los que se reconoce casi cualquier persona.
- Reseñas y ficha de Google. Muchas familias incluyen el nombre de la ciudad al hacer sus búsquedas. Una opinión valiosa se fija en cómo se desarrolló el proceso y en el trato recibido, y nunca alude al diagnóstico de su hijo; pídelas con delicadeza y cuidando que nadie quede expuesto. Lo que conviene evitar: reclamar una valoración a unos padres justo al terminar una devolución complicada.
- Google Ads según la intención. Merece la pena invertir en consultas del tipo "evaluación TDAH adultos" o "psicólogo TDAH" cuando van unidas al nombre de la ciudad. Por el contrario, "test TDAH gratis" y "síntomas TDAH" nacen de la simple curiosidad, así que lo aconsejable es descartarlas. Ten presente que, al tratarse de salud, Google limita la personalización publicitaria y por eso queda descartado el remarketing habitual. El error que conviene esquivar consiste en dirigir el clic hacia la home en lugar de llevarlo a la página de la evaluación.
- Instagram y TikTok. Es en estas redes donde al adulto le entran las dudas. Funciona bien el contenido en el que el profesional da la cara y explica cómo se distingue el TDAH de otros cuadros y cómo se lleva a cabo la evaluación. Te equivocarías al sumarte a la moda de los vídeos sobre "señales de que tienes TDAH", ya que alimentan justo ese ruido del que quieres alejarte.
- Seguimiento tras el primer contacto. El adulto le da vueltas durante semanas antes de solicitar la cita, mientras que los padres suelen consultarlo antes con su pareja. Enviar un correo o un mensaje unos días después, acompañado del documento del proceso, permite rescatar una parte de esas consultas. Darlas por perdidas es un fallo.
Publicidad sanitaria: cautela añadida cuando hablas de TDAH
Al tratarse el TDAH de un diagnóstico clínico y desconfiar buena parte del público del sobrediagnóstico, conviene plantear los anuncios con más mesura que los de otros servicios. Aunque se las veas a la competencia, hay ciertas prácticas que más vale evitar.
- Si tu objetivo es conseguir citas, evita los test online que acaban diciéndole al usuario un "es probable que tengas TDAH". Ese tipo de prueba actúa como gancho, no como una evaluación real; entra de lleno en lo que persigue la normativa de publicidad sanitaria y, encima, termina erosionando tu credibilidad.
- No prometas un diagnóstico garantizado, ni que llegará "en una sola sesión", ni te refieras a la medicación como si tú mismo fueras a recetarla.
- Se excluyen los testimonios de menores, así como cualquier caso que pueda identificarse. Con los adultos, las reseñas no deben incluir el diagnóstico.
- Hay que prestar atención al usar la palabra "tratamiento" sin especificar a qué hace referencia, dado que en psicología la forma de trabajar se centra en la intervención psicológica y el entrenamiento de habilidades, y los resultados no están garantizados.
Sí que puedes promocionar la evaluación en sí, y además con buenos resultados: explica en qué consiste, de qué manera se lleva a cabo, cuánto cuesta y para quién está pensada. Ningún mensaje resulta más honesto y, cuando hablamos de este servicio, ninguno convierte tampoco tan bien.
Qué conviene medir y por dónde arrancar
Contabiliza cuántas consultas informativas recibes y cuántas de ellas terminan poniendo en marcha una evaluación. Anota igualmente el número de evaluaciones que consigues terminar y qué proporción de esas continúa más adelante con tratamiento. Deja constancia del origen de cada paciente (colegio, pediatra, Google, redes) y del tiempo que transcurre entre el primer contacto y la primera cita. Presta atención además al número de evaluaciones que acaban descartando el TDAH: cuando no se descarta ninguna, en algún punto está fallando el rigor.
Emplear una única página tanto para el menor como para el adulto, meterse en una guerra de precios frente a quien prescinde de la evaluación, actuar sin coordinación con psiquiatría y relegar a los derivadores: ahí tienes los errores que salen más caros.
Empieza por redactar la página que explica cómo transcurre la evaluación en adultos, con un precio cerrado. A continuación prepara la de niños y adolescentes, en la que conviene incluir un apartado centrado en el colegio. El paso siguiente consiste en elaborar una charla o un documento dirigido a los orientadores y pediatras de tu zona, además de dejar ordenada la ficha de Google. Solo cuando hayas completado todo eso, activa anuncios orientados a quienes buscan una evaluación. Si prefieres hacerlo con nuestra ayuda, te explicamos cómo trabajamos en marketing para psicólogos, y en cómo conseguir pacientes de psicología encontrarás los fundamentos que sirven para cualquier consulta.
Preguntas frecuentes
¿Está capacitado un psicólogo para diagnosticar el TDAH?
Efectivamente, el psicólogo sanitario tiene competencia para hacer una valoración y redactar un informe diagnóstico, y para ello recurre a la entrevista, a escalas validadas y a pruebas de atención, sin olvidar el descarte de otros cuadros. Lo que queda fuera de sus funciones es recetar fármacos, ya que esa decisión corresponde al psiquiatra o al neuropediatra. Explicar en la web cómo se articula esa coordinación es de lo que más tranquilidad transmite tanto a los progenitores como a las personas adultas.
¿Cómo capto al adulto que, tras verlo en redes, sospecha que tiene TDAH?
Con una página dedicada en exclusiva a la evaluación de adultos, en la que se describa cada etapa del proceso, aparezca un precio cerrado y se aclare qué se va descartando antes de dar algo por confirmado. Ese paciente teme que le coloquen una etiqueta o que lo despachen con un simple test. Por ese motivo elige la consulta que explica cómo evalúa y admite que, a veces, la conclusión pasa por que no hay TDAH.
¿Es posible anunciar la evaluación de TDAH en Google Ads?
Sí, siempre que anuncies la valoración y no un diagnóstico ni un desenlace concreto. Merece la pena invertir en las búsquedas que unen la ciudad con valoración o con psicólogo especializado; las que hablan de tests gratuitos o de síntomas, por el contrario, no interesan. Al tratarse de salud, Google limita la personalización de la publicidad, así que dar por hecho el remarketing sería un error. Y nunca uses cuestionarios o tests online como gancho.
¿Cómo obtengo derivaciones desde colegios y pediatras?
Lo importante es ofrecer algo de valor y olvidarse de los descuentos: impartir a los docentes una sesión que les enseñe a distinguir la falta de atención de otras dificultades, elaborar para el orientador un informe claro con el que pueda activar medidas dentro del aula y, con el permiso de las familias, tener siempre al corriente al pediatra que te deriva los casos. Lleva meses, aunque ninguna otra vía resulta tan constante.
¿Merece la pena mostrar el precio de la evaluación de TDAH?
Sí, presentándolo como precio único que engloba la evaluación completa y detallando qué incluye: las sesiones, las pruebas, los cuestionarios que rellenan padres y profesores, el informe y la devolución. De este modo se filtra a quien solo busca un test barato, se evitan sorpresas y el tratamiento posterior queda separado de la evaluación, ya que corresponde al paciente decidirlo aparte.