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Cómo conseguir pacientes de cirugía de cataratas en tu consulta

La sanidad pública sigue ahí, con sus listas de espera, y el paciente lo tiene presente. Ahí se decide toda tu captación, porque quien busca en internet casi siempre es un hijo o una hija.

La cirugía de catarata es la operación más habitual de toda la oftalmología, ninguna se practica tantas veces. Y en el ámbito privado español pertenece a ese pequeño conjunto de tratamientos cuyo principal rival no es la consulta de al lado, sino el propio sistema sanitario público. El paciente suele encontrarse ante dos caminos: entrar en la lista pública y resignarse a la demora, o abonar el coste para operarse antes. Toda tu estrategia de captación gira alrededor de esa decisión.

La segunda particularidad afecta a la figura que decide. Por lo general, quien va a operarse ya ha cumplido los sesenta y cinco años y llega acompañado. En muchos casos es un hijo o una hija el que rastrea internet, contrasta unos centros con otros y lee las opiniones. Si una web se piensa solo para quien va a pasar por quirófano, termina hablándole a alguien que nunca va a entrar en ella.

Tu rival es la lista de espera, no la clínica de al lado

Quien padece una catarata suele estar ya inscrito en una lista de espera, o es consciente de que terminará estándolo. Al valorar la vía privada, su objetivo real es adelantar plazos. De ahí que el contenido que atrae más consultas gire en torno a la organización práctica y apenas roce lo médico: en cuánto tiempo lo citarán para la valoración, qué exploraciones le harán en esa misma cita, cuánto tardarán en asignarle fecha de intervención y de qué modo se planifica el segundo ojo. Cuando una web resuelve estas dudas en lo alto de la página, capta las consultas que deja escapar otra mejor dotada en medios pero con peor información.

Hay un límite que conviene respetar: no vale recurrir a las listas de espera de la sanidad pública para asustar, ni prometer plazos ajenos que después no puedas sostener. Lo sensato es ceñirse a lo propio, esto es, explicar nuestros tiempos y de qué modo funciona nuestro circuito. Como el paciente compara ya por sí solo, la conclusión acaba resultándole mucho más creíble.

Quién investiga, quién elige y quién apoya

Aquello que se transmita ha de aportar valor a cada una de las tres personas que, en realidad, toman parte en la conversación.

  • El paciente. Nota que conducir de noche le cuesta cada vez más, que los faros de los demás vehículos lo deslumbran, que los colores han perdido intensidad o que ninguna graduación le sirve ya. Le asusta entrar en quirófano y salir viendo aún peor que antes.
  • El hijo o la hija. Normalmente es quien da el primer paso y telefonea, después de haber buscado en el móvil, cotejado varios centros, revisado opiniones y consultado el precio. Lo que busca son datos claros y directos.
  • El óptico o el médico que ya lo había atendido. Quien le mencionó por primera vez la catarata fue él, y su criterio pesa más que ningún otro a la hora de decidir a dónde acude ese paciente.

De aquí se derivan dos efectos concretos. El primero: la página tiene que resultar cómoda de leer, con una tipografía amplia y el teléfono bien visible, y a la vez incluir toda la información que busca alguien que aún está valorando opciones. El segundo: en este ámbito el teléfono cobra una importancia mayor que en otros, ya que buena parte de estos contactos nunca acabará rellenando un formulario.

Lo que teclea en Google antes de llamar

Las búsquedas que hace el paciente sobre la operación de cataratas se agrupan en bloques nítidos, y cada uno tiene su propia sección con su título.

  • Cuánto cuesta operarse de cataratas y qué precio tiene la cirugía con lente multifocal.
  • Operación de cataratas en la sanidad privada, cuánto se tarda en operarse y dónde puede realizarse, indicando a continuación el nombre de la ciudad.
  • Monofocal frente a multifocal: qué las distingue, cómo acertar al escoger una u otra y qué relación guardan el astigmatismo y la lente tórica.
  • En qué consiste la operación, cuánto se prolonga, si se percibe alguna sensación y si los dos ojos se tratan en una misma sesión.
  • Recuperación posoperatoria: cuándo se vuelve a ver con nitidez, desde qué momento se puede conducir de nuevo, la aplicación de los colirios y a partir de cuándo se permite levantar peso o inclinarse hacia delante.
  • Y también esas dudas que casi ninguna página web llega a resolver: el seguro, el reembolso y el pago a plazos.

Se trata de un perfil que investiga y compara alternativas con calma, y que acude a otro centro tan pronto como no encuentra lo que necesita. Si buscas una mirada global de esta especialidad, resulta útil consultar el artículo sobre captar pacientes de oftalmología.

Hablar de la lente es hablar de la venta

La lente intraocular elegida es, ante todo, lo que marca tanto el coste como el grado de satisfacción. De ahí que explicarlo con claridad sea, en esta intervención, el factor que más ayuda a convertir.

  • Monofocal. Constituye la alternativa de referencia y la que suele emplearse dentro de la sanidad pública. Al ofrecer visión nítida en una única distancia, que por lo general es la lejana, el paciente seguirá recurriendo a las gafas cuando quiera ver de cerca.
  • Tórica. También corrige el astigmatismo. En un paciente que lo tiene, dejarlo sin corregir hace que su visión final quede por debajo de lo que esperaba.
  • Multifocal y de rango extendido. Reducen la dependencia de las gafas para ver bien a diferentes distancias. Como contrapartida, resultan más caras y presentan desventajas que ya están descritas, entre ellas los halos o el deslumbramiento por la noche durante el periodo de adaptación. No son lentes válidas para todos los ojos.

Vender la multifocal como la lente de calidad y la monofocal como la barata resulta un fallo que se paga caro: acaban desembolsando de más aquellos pacientes que nunca fueron candidatos y que terminan insatisfechos. Lo que funciona es arrancar por los hábitos de cada persona (si conduce de noche, si lee, si vive pegado a las pantallas o si tiene aficiones) y aclararle con franqueza qué le va a dar cada opción y qué no. Este mismo criterio se aplica en la captación en cirugía refractiva, con la diferencia de que ahí el paciente es joven y decide él solo.

Qué cubre el precio y por qué una cifra a secas no sirve

La norma es comunicar mal el coste: se ofrece un importe por ojo sin especificar qué lente se emplea ni qué queda cubierto. A la hora de comparar, el familiar topa con tres cifras dispares, elige la más económica y después le aparecen los suplementos.

Conviene indicar el precio por cada ojo y en función del tipo de lente, dejando por escrito qué incluye: la consulta de valoración, las pruebas junto con la biometría, el quirófano, los honorarios, la lente en sí, los colirios cuando entren en el paquete, las revisiones y el periodo que abarcan, y también qué ocurre si más adelante hiciera falta otro tratamiento. Al reflejarlo todo por escrito, la cifra deja de ser el único punto de comparación. Aquí financiar resulta coherente, y a menudo quien contrata es un familiar, así que lo aconsejable es presentar la cuota junto al coste total, evitando que acabe siendo el gancho principal.

Seguros, mutuas y reembolsos

Hay pocos asuntos que provoquen tantas llamadas y tanta confusión. Muchos pacientes cuentan con seguro, pero no saben qué les cubre en su caso concreto, y rara vez puede resolverse la duda con un simple sí o un simple no.

Habitualmente, la intervención quirúrgica puede estar cubierta por el seguro, aunque optar por una lente premium implica pagar un suplemento, y cada seguro establece sus propias condiciones. Lo recomendable es que la página web y quienes atienden en recepción dispongan de una respuesta honesta y preparada de antemano: con qué aseguradoras se trabaja, qué partidas rara vez entran y el hecho de que cada situación se estudia una a una antes de facilitar un presupuesto.

En caso de que trabajéis con reembolso, explicad cada fase del trámite con detalle: qué documentación conviene entregar, en qué momento llega el pago y qué depende de la compañía aseguradora. Aunque suene a asunto aburrido, resulta ser uno de los que mejor convierten en citas, porque desmonta la excusa para posponer la llamada.

Las ópticas generan más volumen que cualquier campaña

El óptico suele ser quien antes se da cuenta de que ajustar la graduación ya no basta para recuperar la visión, y es también quien menciona por primera vez la catarata. Entre todos los cauces de derivación del procedimiento, este es el que se mantiene más estable; pese a ello, son pocos los centros que lo trabajan como merece. Que salga bien exige unas reglas nítidas: una vía directa para pedir la cita, un informe de vuelta donde consten la operación practicada y la lente colocada, y la garantía de devolver al paciente para la revisión y la graduación posteriores. Ese regreso es justamente lo que marca la diferencia, porque el óptico deriva a quien luego se los devuelve.

Lo que sostiene todo esto son sesiones breves de formación sobre cuándo procede derivar y qué resultados ofrece cada tipo de lente, acompañadas de materiales que el óptico tenga a mano para entregar en el mostrador. Retribuir con comisiones cada derivación es una opción que se rechaza: resulta un terreno peligroso y, además, entra en conflicto con la deontología.

La página web, la ficha de Google y las opiniones

A cataratas conviene dedicarle una página independiente, separada de la de retina y de la de cirugía refractiva, con su propia dirección y sus preguntas. Y vale la pena mirar cómo queda en el móvil de una persona mayor, porque es ahí donde termina leyéndose.

Dado que muchas de esas consultas van acompañadas del nombre de la ciudad o del barrio, la ficha de Google adquiere una importancia enorme. Conviene describir cada servicio con las mismas palabras que emplearía el paciente, indicar el horario que de verdad se respeta y añadir fotografías donde se aprecie que el centro cuenta con buenos accesos, un detalle que para este perfil de paciente pesa lo suyo. A esto se suma que las reseñas ayudan mucho: quien pasa por quirófano cuenta una mejora muy tangible, como volver a conducir de noche o dejar las gafas para ciertas actividades. Un relato de este tipo termina por convencer al siguiente familiar que anda comparando alternativas. El instante idóneo para solicitarlas llega en la revisión, cuando la visión ya se ha estabilizado, aplicando el procedimiento que explica la guía sobre cómo pedir reseñas a pacientes.

Google Ads: qué merece la pena pagar y qué no

Compensa apostar por operarse de cataratas en privado, por lente multifocal para cataratas, por operación de cataratas con ciudad y, asimismo, por precio de la operación. Aunque esta última pueda dar la impresión de contradecirse, nace de una intención genuina: quien la teclea ya llega con la conversación sobre la lente iniciada.

Determinadas consultas no compensan como objeto de puja: "qué son las cataratas" y "síntomas de cataratas", las dos con intención meramente informativa, junto con "cataratas en perros", que aparece más a menudo de lo previsible. Tampoco interesa incluir los nombres de los fabricantes de lentes. Ya en lo práctico, hay dos cuestiones que influyen mucho en el desenlace. La primera: conviene incorporar a los anuncios la extensión de llamada con el horario verdadero, porque buena parte de estos contactos opta por llamar en vez de escribir. La segunda: lo que la página de destino tiene que enseñar de entrada son los plazos y una estimación de precio en función del tipo de lente, y no el relato sobre el centro.

Publicidad sanitaria: qué medir y cómo empezar

Fuera de límites quedan estas prácticas: prometer al paciente que dejará atrás las gafas, presentar la lente multifocal como válida para cualquier ojo, anunciar precios reclamo que después no cuadran con ningún caso concreto o recurrir al miedo a la lista de espera para empujar la contratación. Tampoco caben los testimonios que dejen entrever un desenlace asegurado. Cuando toque hablar del resultado, lo sensato es presentarlo como una mejora esperable y una valoración caso por caso.

Al margen de las visitas que llegan a la web, qué conviene medir:

  • Cantidad de llamadas atendidas y no atendidas dentro de cada tramo horario, el dato que aquí explica más pérdidas que ningún otro indicador.
  • Reservas de consultas de valoración y qué proporción de ellas termina en cirugía.
  • El reparto de los distintos tipos de lente, que refleja el ingreso medio por cada paciente operado.
  • Operación del segundo ojo y cuánto tiempo transcurre hasta intervenirlo.
  • El origen de cada caso, diferenciando en el cómputo los que remiten las ópticas de los que entran por vía digital.

Por dónde empezar: una página de cataratas donde aparezcan tus tiempos de espera reales y la tarifa en función de cada tipo de lente; la contestación sobre seguros y reembolsos ya redactada de antemano; una persona al teléfono capaz de aclarar las diferencias entre las lentes; y, con las ópticas del entorno, un pacto que contemple devolverles al paciente. En la página de marketing para clínicas de oftalmología comprobarás de qué modo todas estas piezas se integran dentro de un plan completo.

Preguntas frecuentes

¿Con quién compite realmente una clínica privada en cataratas?

Tu verdadero rival es la lista de espera, no la clínica de al lado. Quien precisa operarse se mueve entre dos caminos: mantenerse en la sanidad pública y esperar a que le llegue el turno, o desembolsar dinero para no demorarlo. Por eso lo que más engancha son los detalles concretos: cuándo tiene lugar la valoración, cuánto se tarda en cerrar una fecha y cómo se resuelve lo del segundo ojo. Conviene que expongas los plazos que tú manejas y evites basarte en cifras ajenas que luego no seas capaz de sostener.

¿Para quién se redacta la página de cataratas?

A ambos a la vez: al paciente y a su familia. El paciente suele ser alguien mayor, con el temor de entrar en quirófano y salir peor de lo que estaba. Quien, sin embargo, teclea en el móvil, compara clínicas, lee valoraciones y termina llamando suele ser un hijo o una hija. De ahí que la página deba resultar cómoda de leer de verdad, con letra grande y el teléfono siempre visible. Y tiene que recoger, además, esos datos de precios y plazos que reclama cualquiera que anda comparando.

¿Cómo explicar el tipo de lente sin forzar la opción más cara?

El punto de partida debe ser el estilo de vida del paciente y no lo que figura en el catálogo. Con la monofocal se enfoca a una única distancia, así que se seguirán necesitando gafas para la visión cercana; la tórica añade a eso la corrección del astigmatismo; por su parte, las multifocales y las de rango extendido reducen la dependencia de las gafas, si bien durante la adaptación pueden dar problemas como halos o deslumbramientos nocturnos, y no todos los ojos resultan aptos. Plantearla como alternativa estándar termina por dejar pacientes descontentos.

¿Qué debe cubrir el precio publicado de una operación de cataratas?

Desglosa el precio por ojo y por modelo de lente, y especifica todo aquello que va incluido: la consulta de valoración, las pruebas junto con la biometría, el quirófano, los honorarios, la lente en sí, los colirios cuando entren en el paquete y las revisiones, señalando durante cuánto tiempo se mantiene el seguimiento. Conviene explicar también qué ocurre si más adelante hace falta otro tratamiento. Ofrecer una cifra a secas invita a fijarse solo en el precio y aplaza los extras a una conversación posterior.

¿Cómo se gestiona la derivación de pacientes desde ópticas?

Con un canal directo para pedir cita, un informe de vuelta que detalle la operación practicada y la lente utilizada, y el compromiso de devolver al paciente para su revisión y la graduación posterior. Esa devolución es lo que sostiene la relación. Para reforzarlo, algunas charlas breves sobre los criterios de derivación. Quedan fuera las comisiones por cada paciente derivado: constituyen un terreno resbaladizo y, además, plantean un conflicto deontológico.

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